Aunque hay momentos en que no podemos evitarlos e incluso anticipando su aparición, los conflictos siempre cargan con buena parte de las energías y el buen ánimo de los involucrados. Aunque es un momento a muchos les gustaría evitarlos; la psicóloga Karen Ovalle asegura que no siempre tiene que tener una connotación negativa.

Humano
“El conflicto es parte del ser humano, de la comunicación y es fuente de crecimiento porque es producto de la realidad humana: somos diferentes, diversos, pensamos y nos comportamos de manera distinta”, advierte.

Siendo así, es de esperar que en cualquier momento haya un desacuerdo, fase inicial de un  conflicto -y según Ovalle- este bien puede derivar en fuente de crecimiento para las partes involucradas, favoreciendo nuevas ideas y nuevos acuerdos, o puede trancarse el juego y tornarse un problema.

Esto depende del objetivo común: si se busca llegar a un acuerdo o si, en cambio se quiere hacer de esa confrontación un terreno fértil para la lucha de poder, la búsqueda de autoafirmación, o convertirla en un llamado de atención. “El problema con el conflicto no es el conflicto en sí sino lo que hay detrás”, dice Ovalle.

ASPECTOS QUE DEBES TENER MUY EN CUENTA
DAÑO
Positivamente

El conflicto no tiene que ser dañino ni problemático,  depende de la motivación y de cómo este se maneja.

CONTRA
La motivación

Ante un conflicto pregúntese: ¿Trato de convencer al otro o a mí mismo? ¿Busco con este conflicto la obtención de un objetivo común o demostrar algo? Esto debe analizarse.

Manejo de los conflictos con la comunicación
Definir a alguien como “conflictivo” o “conflictiva” no es lo correcto. Esta etiqueta, considerada negativa en la sociedad, se contrapone a la naturaleza compleja y diversa del ser humano, capaz de manifestar una amplia variedad de conductas. Una misma persona puede comportarse de manera pacífica y mediadora, y en otro contexto puede tornarse un ser totalmente caótico y problemático.

La psicóloga Karen Ovalle explica que la persona considerada en algún momento conflictiva en ocasiones pertenece a una dinámica donde hay muchas cosas en juego. Cuando, por ejemplo, este tipo de persona se encuentra en un ambiente donde debe adaptarse o flexibilizarse, un espacio donde las reglas cambian con frecuencia, comienza a manifestar una actitud de poca tolerancia y poca adaptación social. Las relaciones con los demás, en ese contexto, se pueden tornar complicadas.

Rasgos
“Estas personas poco flexibles generalmente han crecido en ambientes de mucha rigidez, no están acostumbradas a la adaptación a flexibilizarse ante situaciones que le causan malestar”, dice Ovalle. Detalla que en la personalidad de la gente propensa a ser presa de los conflictos hay además inseguridad básica y una persona que no se siente segura va a tratar de llamar la atención y reafirmarse a través de la lucha de poder.

“Yo te demuestro tu error y si lo hago yo gano, yo valgo más. El hecho de ganar siente que refuerza la autoestima de estas personas, pero en una relación de pareja, por ejemplo, lo que queda luego del conflicto es mucho resentimiento, amargura y daño”, dice la experta. Otra manifestación de una postura conflictiva es la manipulación, el llamado chantaje emocional.

Tipos de conflictos
Hay formas de manejar los conflictos para que estos no lleguen a ser confrontativos, mostrando violencia verbal o física, y la solución es una comunicación efectiva. Sin embargo, muchos suelen manejar el llamado conflicto pasivo. Se trata de personas poco comunicativas, solitarias, que se aíslan y llevan una agresividad pasiva que retrasa el proceso de comunicación efectiva.

Este tipo de personas no colabora, no se compromete, se resiente fácilmente y tiene dificultad para expresar sus sentimientos. Se contraponen a los que resuelven un conflicto con una actitud explosiva. Estos hacen daño directo, hacia afuera, contrario al que se queda callado que generalmente se hace daño a sí mismo. “Ambas son posturas dañinas”, dice Ovalle.

Valores
“Todas las manifestaciones de problemas emocionales tienen detrás un problema espiritual”, asegura la psicóloga, quien además es cristiana y añade que en su opinión la conducta conflictiva va más allá de lo emocional, del aprendizaje o de la historia personal. “Creo que hay una crisis de valores”, asegura. Dice que cuando se comienza a discutir y se es presa de la emoción, no hay un valor, un principio de vida que rija esa comunicación.  Ovalle cita el ejemplo de Cristo, quien, según narran las escrituras, también se enojó, se llenó de impotencia, manifestó enojo, tristeza, dolor y hasta lloró; “sin embargo, no pecó y hay que seguir su ejemplo”. Afirma que en el caso de los creyentes, la molestia puede sobrevenir, pero manejan sus emociones de la mano de la palabra de Dios, para evitar el pecado con dominio propio. Para esto se debe “leer la Biblia, edificarse y tener un momento con Dios a diario y de forma auténtica”, comenta.

Influencia familiar
Si bien es cierto que las circunstancias culturales y el entorno influyen en la personalidad, los primeros años de infancia son esenciales a la hora de lograr adultos capaces de enfrentar sanamente un conflicto. “Los entornos caóticos, donde no existe jerarquía clara promueven la comunicación conflictiva y la inconsistencia, también la injusticia crea personalidades rebeldes y conflictivas”, dice la psicóloga. La competitividad, los miedos y las ansiedades afectan al niño. Este no debe ser comparado; debe tener su puesto definido en la familia, donde sea reconocido. “Una persona que crece con un sentido de pertenencia, de identidad, no va a tener que pelear tanto, de adulto, porque está seguro de lo que piensa y hace. Entonces se calla cuando debe”, dice Ovalle.

LAS RELACIONES EN MEDIO DE CONFLICTOS
Cuando una persona conflictiva encuentra a otro ser humano interesado en esa dinámica, aparecen las parejas y amistades disfuncionales. “Una persona conflictiva a menudo busca rodearse de personas co-dependientes”, dice Ovalle. Se ve el típico caso de la persona perfeccionista y controladora que se acerca a alguien inseguro que necesita ser controlado y guiado.

Si usted convive o conoce a una persona conflictiva, deberá poner límites, evitar las conversaciones vacías, de lucha de poder, debe aprender a retirarse. Ovalle detalla que para tratar con alguien conflictivo se debe ser importante en su vida y tener interés en él. Evite la confrontación para no alimentar el patrón disfuncional y comuníquese en forma racional, hablando en primera persona. “Es importante que la persona conflictiva entienda que tiene una batalla personal que librar antes de la pública, y debe hablar con Dios y buscar en la raíz: el corazón”, dice.

Terapia
Según la experta, hay múltiples abordajes para la terapia de un conflictivo, dependiendo del enfoque y la visión del profesional. El enfoque cognitivo debe primar para tratar de cambiar las creencias de este individuo, cómo piensa, que es lo que respalda su inseguridad y su necesidad de llamar la atención. “Hay que ayudarle a pensar de manera más realista, correcta y racional, para que tenga una actitud menos crítica hacia los demás y trabaje la aceptación”, dice Ovalle.

El terapeuta puede modelar una relación positiva, debe dedicar gran parte del proceso a buscar en su historia, sus actitudes positivas y trabajar también en conflictos no resueltos.

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